La fecha emblemática del 8 de marzo, la cual conmemora el Día Internacional de la Mujer, hoy toma un matiz diferente al de antaño. Una fecha que nace como una lucha por los derechos de las mujeres trabajadoras, quienes a principios del siglo XX decidieron poner freno a los abusos, matanzas y discriminaciones por el trabajo que realizaban, hoy se perfila nuevamente como un estandarte en torno a los derechos de la mujer y el quiebre del machismo.

En el Instituto de Literatura y Ciencias del Lenguaje se crea en el año 2017 la Comisión de Género, la cual estaba integrada por académicas y académicos del Instituto, con el fin de dar respuesta a la contingencia local generada por casos de acoso en la Universidad. Esta comisión hoy cuenta con representación triestamental, integrando a profesoras, estudiantes y funcionarias para el debate y organización de actividades principalmente educativas en torno a temas como feminismo, género, acoso y vulneración de derechos.

Quisimos hablar con ellas y ver cómo esta fecha se ha modificado en el último tiempo, pasando de ser una “celebración” simple hacia la figura de la mujer, a devolver el sentido social y de lucha que este día conmemora, con llamados a protestar y manifestarse por todos aquellos temas en los que falta avanzar y legislar en nuestro país.

Stephany Manqui – Estudiante Traducción/Interpretación

Actualmente el movimiento feminista busca concientizar a la población. Hoy en día, los números de femicidios aumentan con el pasar de las horas, las desigualdades laborales para las compañeras que trabajan son evidentes en todos los sectores, las mujeres que no tienen acceso a un buen servicio de salud mueren por abortar en sus casas, la educación que tenemos es profundamente sexista, las pensiones que reciben las mujeres en Chile son aún más bajas en comparación a las pensiones que reciben los hombres. Por esto y por muchas otras desigualdades marchamos este 8 de marzo, para que la mujer que aún esta en su casa creyendo todo lo que dice la prensa abra sus ojos y se de cuenta que ella también es parte de este movimiento, porque su lugar no es la cocina. Lo que buscamos es que se sumen todas las mujeres, porque esta batalla es nuestra y porque como movimiento queremos que ninguna mujer siga siendo discriminada ni mirada en menos.

Más que una celebración, el 8 de marzo es un día para conmemorar a todas las mujeres que han muerto por conseguir derechos sociales básicos. Las conmemoraciones del 8M ante este nuevo escenario o nueva ola feminista van a ser una especie de llamado para todas las mujeres, para que se unan y también para que el Estado asuma las responsabilidades políticas en este tema. Hay leyes que no nos favorecen y eso tiene que cambiar. De aquí en adelante vamos a pelear por nuestros derechos y también para que la sociedad cambie su trato hacia las mujeres y disidencias sexuales.

Muchas veces cuando a las mujeres nos interesa la política o nos consideramos políticamente activas, siempre nos miran en menos y no nos consideran tanto como a los hombres y muchas veces nuestras opiniones no son tan valoradas como las de los hombres. Me tocó muchas veces hablar con compañeros de otras carreras que estaban en contra de la paralización y movilización, quienes tenían conductas machistas y no se daban cuenta de ello. Me tocó escuchar muchos testimonios de compañeras con quienes compartimos vivencias de las cuales aprendí mucho.

Si bien el 2018 fue un año muy agitado, también fue un año de reflexión y aprendizaje, porque nunca se había hablado de feminismo de la forma que se comenzó a hablar el año pasado, nunca antes nos habían hecho reflexionar acerca de nuestras conductas y nunca antes nos encontramos en espacios sororos como en los que nos encontramos con nuestras compañeras. Yo creo que este año, al igual que el pasado, va a ser muy agitado, porque aún hay temas que se tienen hablar en las salas de clases entre profesores y alumnos, en los pasillos entre profesores, funcionarios y estudiantes, en las calles con los vecinos de nuestro territorio y así a nivel país.

Sabela Fernández – Profesora ILCL

Estamos en un momento histórico, donde sin duda el 2018 marcó un hito en el movimiento feminista, explotó a nivel mundial y en el caso de Chile tuvo una resonancia muy importante, donde por fin entraron las demandas feministas en el sentido común. Esto se explica cuando vez a las personas que no son feministas o activistas, entendiendo que estas demandas no son una cosa aislada, de un grupo de personas minoritario, sino que eran problemas que nos afectaban a todas.

Si bien en los últimos años pudimos tener esta falsa impresión o falsa ilusión de que había igualdad, nos dimos cuenta que en verdad estábamos muy lejos de alcanzar esta meta. Tanto en Chile como en España, que es de donde vengo yo, el machismo está muy entroncado en la cultura, en la manera de socializar entre las mujeres y esto nos deja claro que nos falta mucho por avanzar.

Me parece que en el caso particular de Chile, el movimiento feminista ha tomado muchísima fuerza y esto ha generado una conciencia social, junto a una mayor aceptación y apropiación de parte de muchas mujeres que antes no se consideraban feministas o que ni siquiera creían que tenían motivos para protestar. Hay que tener mucho cuidado eso sí, dado que esto también ha generado discursos anti feministas, sobre todo en casos como el presidente de Brasil o en partidos de extrema derecha, razón por la que se hace sumamente importante el trabajo de concientización y de educación respecto a las demandas y el movimiento feminista.

Sandra Díaz – Secretaria de Docencia

Llevo casi 20 años trabajando en la Universidad y ahora uno se atreve a hablar más las cosas, a decir lo que te pasa, a decir lo que no te gusta, ese para mi ha sido el cambio más grande en estos 20 años y que va de la mano con las movilizaciones del último tiempo. Cuando yo recién entré a la Universidad sufrí acoso directo en la postulación a un cargo, donde la persona que reclutaba abusaba de su posición para tocar en exceso, llegando a tocarme el trasero cuando salí de su oficina. Antiguamente uno pensaba que nadie te iba a creer, además de que nadie haría realmente algo, no había un apoyo real en ese sentido, pero ahora no, ahora tenemos las herramientas y la seguridad para enfrentar este tipo de situaciones y ponerle freno.

Esta seguridad viene de ver esta lucha en la televisión, en las conversaciones que uno tiene con colegas o con estudiantes, ya no es como antes, ahora nos atrevemos a decir lo que pensamos y a decir que no, a no dejarnos pasar llevar simplemente por ser mujeres. Nos falta todavía ser más empáticas con la causa, muchas veces nos quedamos en lo individual y en la comodidad, por lo menos mi generación, y falta a veces estar más comprometidas con lo que significa el movimiento actual y todos sus alcances.