Fabián Andrés Pérez, titulado del Magíster en Estudios Literarios y Culturales Latinoamericanos (MELCLA) y estudiante del Doctorado en Literatura, publicó recientemente su libro “Amanda Labarca e Impresiones de juventud (1909). Pasión y crítica literaria”, una obra que nació de su tesis de magíster. A través de este trabajo, busca destacar facetas menos conocidas de esta influyente escritora y feminista chilena, ofreciendo una visión profunda sobre su complejidad teórica y literaria. En esta entrevista, Fabián comparte detalles sobre su investigación y la relevancia del pensamiento de Labarca para las actuales generaciones.

 

¿Qué te motivó a elegir a Amanda Labarca como tema de tu tesis y, posteriormente, de este libro?
En primera instancia, el año 2022 en la UNAB, donde soy académico, estuve desarrollando una investigación sobre tres autoras latinoamericanas: Juana Manuela Gorriti, Rosario Orrego y Clorinda Matto de Turner. A partir de eso, me interesé en los temas relacionados a la producción literaria de escritoras que estuvieran en el tránsito de finales del siglo XIX y principios del XX, sus preocupaciones e intereses: educación, el rol de la mujer y sus derechos políticos, la imagen de Latinoamérica, etc.

En ese contexto, estaba finalizando el último semestre de cursos en el MELCLA de la PUCV y la Dra. Edda Hurtado, quien dirigió mi tesina, me invitó a participar como tesista de posgrado en el Fondecyt Regular N°1211280, «Amanda Labarca: lectora, escritora y crítica (…)», cuyo investigador responsable es el Dr. Gonzalo Salas (Universidad Católica del Maule) y ella es coinvestigadora. Allí, conversando y trabajando con Edda, además de revisar el corpus de Amanda Labarca, me pareció muy interesante que la autora haya tenido al menos cuatro obras de carácter literario, entre novelas, cuentos, crítica literaria y un diario con reflexiones sobre sus inquietudes y personales, publicados en vida. El reconocimiento de Labarca, sobre todo, ha sido por su trabajo en educación y su preocupación por el feminismo, el rol y los derechos de la mujer, por lo que me pareció muy interesante leer su primer trabajo, Impresiones de Juventud (1909), ya que era adentrarse en otra temática: las lecturas que la acompañaron en su primera etapa académica e intelectual en la Universidad de Chile, además de ver la valoración y el análisis que tuvo sobre la generación del 98 en la literatura española.
Trabajé en eso durante todo el segundo semestre del 2022, entregué el documento final en enero y la defendí en el examen de grado en marzo de 2023. La comisión de profesores que revisó el trabajo —Bryan Green, Hugo Herrera, Edda Hurtado (como directora de tesis) y Mónica González, como directora del MELCLA— hicieron comentarios muy interesantes y que me ayudaron a repensar y valorar no solo la obra literaria de Amanda Labarca, sino su posición como una intelectual integral y compleja. A partir de eso, seguí redondeando algunas ideas y presenté la investigación en un Fondo Editorial del Sistema de Bibliotecas de la Universidad Andrés Bello, fue aceptado por el comité editorial y comenzó el proceso de publicación por RIL editores, como un libro con referato externo.

En tu análisis de Impresiones de Juventud , ¿qué aspectos literarios consideras más importantes para entender el enfoque intelectual y político de Labarca?
Impresiones de Juventud, publicada en 1909, es un trabajo complejo y noble, en el sentido de que nace a partir de una presentación que Labarca, siendo muy joven en 1907, hizo en la Universidad de Chile frente a varios académicos de renombre y en el contexto de la Primera Temporada de Extensión Cultural de dicha casa de estudios. La ponencia “La novela castellana hoi”, fue el primer paso para la construcción del libro publicado dos años más tarde que, además, tiene un carácter particular: la crítica “amable”, llena de complicidad con sus lecturas, desde el cariño hacia los autores. Amanda Labarca realizó una particular declaración de principios: “no busquéis, pues, en mis palabras el jesto ceñudo, ni el rigorismo académico; solo puedo ofreceros un poco de amor hacia todos los autores cuyos libros han endulzado mis horas i alimentado de ideales mi escasa juventud”. Evidentemente, esto fue advertido por la crítica literaria, como Emilio Vaisse —Omer Emeth—, quien calificó la mirada literaria de Labarca como carente de “ferocidad” y sentido crítico. En este sentido, me parece que Impresiones de Juventud (1909) presenta algunos temas y conceptos que, en los trabajos posteriores de Amanda Labarca, fueron recurrentes, visitados de forma constante y, al menos en lo que se refiere a su obra literaria —la novela En tierras extrañas (1915), la novela corta y los cuentos agrupados en La lámpara maravillosa (1921) y la colección de pensamientos, entradas de diario y reflexiones, Desvelos en el alba (1945)—, se trataría de pasiones e intereses a los cuales se aferró durante su vida como intelectual. Por ejemplo, en Impresiones de Juventud existen referencias a problemas públicos, tales como la preocupación por el rol de la mujer y el feminismo, el nacionalismo y el papel prioritario de la educación en la sociedad, pero también cuestiones íntimas o introspectivas, tales como la relación entre nostalgia y tristeza como motivaciones literaria y formas de expresión de lo bello. También, en sus análisis, hay una mirada directa a la capacidad de adaptación al cambio como signo de complejidad literaria y artística de la autora.

¿Cómo crees que el legado de Amanda Labarca puede influir en las generaciones actuales de estudiantes, investigadoras e investigadores?
Creo que es bueno revisitar la obra de Amanda Labarca. Sin duda que, desde su aporte a la educación y su rol en los movimientos culturales y feministas chilenos desde la década de 1910, existen varias investigaciones que han aportado bastante en esa línea. Emma Salas, por ejemplo, fue una de las que destacó el valor visionario de Labarca y su participación en los movimientos feministas y académicos de la Universidad de Chile, además de su rol como la primera mujer académica de una institución pública de educación superior. Estos últimos años se ha puesto el enfoque en su perfil literario que, si bien fue en una proporción menor frente a la abundancia de publicaciones de otras temáticas, tuvo un lugar importante dentro de la valoración que le dio la misma escritora. En Desvelos en el alba (1945), colección de pensamientos y reflexiones, Labarca aseguraba que se sentía en deuda con su faceta literaria, ya que nunca pudo dedicar tiempo a ello como le hubiera gustado. La literatura ocupó un lugar importante en su vida cultural, manifestado en sus lecturas, participación como anfitriona e invitada en tertulias literarias y lecturas, por lo que examinar su cercanía con esta área, puede ser un aporte a la comprensión integral de la obra de Labarca. En este sentido, me parece que el aporte en relación con la obra literaria de Amanda Labarca que han hecho Gonzalo Salas, Edda Hurtado, Dámaso Rabanal y el grupo de “Labarquistas”, ha sido muy bueno. Creo que hay una interesante veta investigativa en torno a lo anteriormente mencionado: su obra debería ser puesta en perspectiva tanto con su época como con sus sensibilidades y pasiones. Debemos releer a Amanda Labarca.

El trabajo de Fabián nos invita a revalorar a Labarca no solo como educadora y feminista, sino también como una autora que dejó un valioso aporte literario. Con este libro, se abre una puerta para que futuras generaciones de investigadores sigan profundizando en el pensamiento de una de las intelectuales más completas de Chile. Sin duda, la obra de Labarca sigue resonando en nuestro presente, impulsando la reflexión sobre el rol de la mujer, la educación y la cultura en nuestra sociedad.

 

Por Regla Abreu Gainza
Periodista, magíster en Comunicación PUCV
Programa de Postgrados ILCL