A JUANITO
Sin duda, Juan Vargas Duarte fue un destacado académico y profesor, además de haber sido un amigo al que uno podía consultar sin vacilar. Sus palabras eran tan sabias que uno quedaba reflexionando después de conversar con él y con el gustito de seguir conversando después cuando se tuviera tiempo. Lleno de aventuras, chascarros y episodios que llenarían una buena biografía, de aquél que con todo el entusiasmo del mundo enseñaba literatura. Todo parece
indicar que se llevaba bien con todos sus colegas y, con mayor razón con sus estudiantes. La dirección del Instituto de Literatura y Ciencias del Lenguaje bajo su cargo se presentó sin altos ni bajos, como queriendo dar la sensación de una paz que era alimentada por la buena acogida de sus compañeros de trabajo.
Sin duda, la partida a ese lugar del universo que todavía desconocemos es una enorme pérdida no solo para su familia, sino para la humanidad, pues gente que ostenta humanismo como el suyo es algo que se destacaba en su personalidad y algo muy difícil de encontrar. “Juanito”, así en diminutivo, le decíamos para demostrar el cariño que le teníamos y que, ¡vaya paradoja! era uno de los más grandes. Su generosidad, su humildad académica y su justicia para evaluar eran solo tres de sus características sobre las cuales todos deberíamos ponderar para tener un mundo
mejor.
Sin duda, es posible que el amor de Juanito por la literatura norteamericana e inglesa lo lleve ahora a reencontrarse con sus autores preferidos y tenga la oportunidad de comentar y, por qué no, de criticar las obras literarias de esos autores que poblaron su universo, tal como lo hacía en vida con sus estudiantes. Y también es posible que se reencuentre con aquel estimado profesor que nos dejó hace muy poco y que fue su ayudante: Pablo Villa.
A los dos los echaremos mucho de menos.
por Ricardo Benítez Figari
En memoria a nuestro querido profesor, colega y amigo, Juan Vargas Duarte
Compartimos estas palabras de agradecimiento para nuestro querido profesor, colega y amigo Juan Vargas Duarte. En lo que sigue creo que represento a todos los que tuvimos la alegría de ser sus estudiantes, ayudantes, colegas y amigos/as. Digo alegría porque Juanito siempre estaba con un comentario entusiasta a flor de labios, con una palabra que lo invitaba a uno a disfrutar la vida, y con tantas alusiones a los clásicos de la literatura inglesa y norteamericana, y de otras latitudes. Recuerdo muy bien lo que un día me comentó Patricia Restini, que cada vez que uno saludaba a don Juan y le preguntaba cómo estaba, había que armarse de tiempo. Don Juan siempre valoró las preguntas, y no contestaba al azar o por cortesía. Contestaba dando todo de sí. Lo mismo cuando le preguntaba a uno: “¿Y tú, cómo estás?”. No seguía caminando, sino que se detenía y lo quedaba mirando a uno con ojos atentos, calmado y tranquilo esperando que uno realmente le dijera cómo estaba, o cómo se sentía.
Recuerdo que gracias a él leímos con sorpresa por primera vez los clásicos de la literatura nortemericana. Y que con él aprendimos a apreciar aquello que es extraño, y complejo y bello: El gran Gatsby, las novelas de Virginia Woolf, la poesía romántica y, por supuesto, a Shakespeare. Y sus exámenes de literatura eran conversaciones, más que interrogaciones. Y a través del hilo de la conversación, y siempre relacionando las obras literarias con nuestra vida
cotidiana o la experiencia personal, hablábamos de literatura. La nota era importante. Pero más importante era el lazo afectivo que él creaba con sus estudiantes, siempre alentándonos y nunca desmereciendo nuestra ignorancia. Te podía gustar o no la literatura, pero eso era irrelevante. Lo importante para don Juan era hacernos ver nuestro mundo con otros ojos. Recuerdo que una vez me contó que siempre le decía a un curso cuando tenían clases en la
Casa Central que su meta era “desviñamarinizarlos”, es decir, sacarlos del contexto familiar de la ciudad y situarlos en el espacio de la imaginación literaria.
Desde estos recuerdos, estimado y querido profesor Juan Vargas, te extrañamos y, principalmente, agradecemos tu enorme labor en la formación de profesores de inglés que, como bien decía, teníamos la misión no solo de educar o enseñar inglés, sino también el inmenso desafío de embellecer las vidas de nuestros estudiantes. Eso fue lo que con pasión y amor por la literatura y la vida hizo con nosotros mismos, embelleció nuestras vidas haciéndonos ver más allá de lo evidente, dialogando con la lectura y mostrándonos, con su propia experiencia, que la literatura no es algo que solamente está en los libros, sino principalmente fuera de ellos. La literatura como una experiencia viva, y una experiencia que se vive. Al terminar esta nota, que es un abrazo a través de las palabras y el recuerdo, don Juan,
queremos compartir con Ud. los bellos versos que, sin Ud., no hubiésemos conocido:
En Canto a mí mismo Walt Whitman escribe absolutamente convencido de la trascendencia de la vida, como Ud. mismo, don Juan, vivió toda su vida:
Un niño dijo: ¿Qué es la hierba? trayéndomela con dos manos llenas;
¿Qué podía yo responder al niño? Yo no sé, como él, qué es la hierba.
Supongo que debe ser la bandera de mi carácter, tejida con la sustancia verde de la esperanza.
O supongo que es el pañuelo de Dios,
Un perfumado regalo que alguien ha dejado caer con amorosa intención…
O supongo que la hierba es en sí misma un niñito, el recién nacido del mundo vegetal.
Y ahora me parece la hermosa cabellera sin cortar del cementerio.
Rizada hierba, yo te trataré con amor…
Esta hierba es muy oscura para ser la blanca cabellera de las madres ancianas,
Es más oscura que las incoloras barbas de los viejos,
Demasiado oscura para surgir de la roja y tierna bóveda de los paladares.
¿Qué piensas que ha sido de los jóvenes y de los ancianos?
¿Qué piensas que ha sido de las mujeres y de los niños?
Ellos están vivos y sanos en alguna parte,
La hojita más pequeña de hierba nos enseña que la muerte no existe,
Y que si alguna vez existió, fue solo para producir la vida…
Y que cesó en el instante de aparecer la vida.
Todo es progreso y aumentación, nada desaparece,
Y morir es distinto de lo que todos suponen, y más feliz.
por Andrés Ferrada


